Estas pasiones que bullen en mi alma no dejan sosegar mi lengua:
Si preguntan por la perfección no la busquen en lo pálido ni lo desvaído
La mía no es de nieve ni de lirio, sino del más bello ámbar, pleno de brío
Es oro bruñido su rostro sereno, no brillo impostado ni lustre ajeno;
cuanto más la miro, más justa parece, y al mirarla mi ánimo se afina y acrece
Mas no fue el ver principio de mi anhelo, que antes su voz me alzó a más alto cielo;
habló, y sin rostro aún ni claridad, hallé en su acento amor y verdad.
Con cariño, David 